Deslizaba su mente por cada individuo condenado a la vulgar rutina.Deslizaba su cuerpo por cada cama que sufría sobredosis de soledad. Deslizaba sus piernas, siempre cubiertas con medias, por las líneas del mundo, queriendo llamar la atención de todo mortal con unos labios esperando invitado. Deslizaba los muebles de su inocencia hacia otra parte de su ser, ya le eran inservibles en su nueva forma de ver Madrid.
El hecho de cambiar su afable vida por otra catastrófica produjo cambios en su comportamiento, afectando así a la neurona de la locura. No sabe ni ella misma que dentro de poco, en una de esas camas en las que se remueve el monedero para estar con ella, puede que conozca a la persona que le haga perder la cabeza del todo (que ingenua la que creía que nunca se enamoraría).
Necesito fuerza y lógica más que nunca


